Según diversos Historiadores del Arte y algún que otro experto, como el astrónomo Vicente Icke, la conocida “Joven de la perla” no llevaría una perla en su orejilla.

Este famoso cuadro de Johannes Vermeer es conocido como “La Mona Lisa holandesa”. Fue realizado entre 1665 y 1667, y, como el nombre implica, utiliza un pendiente de lo que parece una perla como punto focal. El caso es que, precisamente, el título original no era, ni mucho menos, el actual.

En el inventario más antiguo en el que aparece la obra (1676) de menciona como “Un retrato al estilo turco”. Luego pasó a llamarse Joven con turbante , y también Cabeza de joven. En 1995, un catálogo razonado del pintor lo denominó La joven de la Perla, y así continúa.

Hace algún tiempo, en la revista de divulgación científica New Scientist, este astrónomo analizaba la forma en que la luz se refleja en el objeto, la cual no coincide con los reflejos que deberían haberse pintado de haber sido una perla natural.

El artículo de Vicente Icke confirma lo que otros historiadores venía debatiendo: en las pinturas del siglo XVII, nada es lo que parece.

Detalle del cuadro La alcahueta (c. 1656), considerado un posible autorretrato de Vermeer.

La perla en el oído de la chica es muy grande. Mientras que la mayoría de las perlas en la actualidad provienen de granjas, en el siglo XVII, eran naturales y las más grandes eran raros ejemplares que terminaban en manos de los más acaudalados bolsillos.

Es sabido que en ese siglo se fabricaban, habitualmente en Venecia, imitaciones de perla con base de vidrio que se lacaban para dar un acabado mate. Es muy probable que la joven llevase uno de estos pendientes de “bisutería” y no una perla.

Fuente: Museo Mauritshuis