Como en todas las guerras, quien las sufre es el pueblo, en la retaguardia la población padece la carestía de lo básico y los soldados también con el añadido de estar en el frente jugándose la vida a cada instante. Hay quienes escapan de esto, son los dirigentes de los países y los cercanos a estos. El 4 de febrero de 1945 se celebró una conferencia en la que, mientras unos perdían la vida en el frente y pasaban penurias, otros no se privaban de nada.

Winston Churchill, líder británico

La conferencia de la que hablamos es la conferencia de Yalta, celebrada en los últimos coletazos de la Segunda Guerra Mundial en esta ciudad situada en la península de Crimea, donde Churchill, Roosevelt y Stalin se reunieron para diseñar la Europa tras la victoria ante Alemania. En esta gran reunión, los británicos se avituallaron bien transportando 144 botellas de whisky, 144 botellas de jerez, 144 botellas de ginebra, 100 kilos de bacon, 100 kilos de café, 23 kilos de té, 100 rollos de papel higiénico, 2.500 servilletas de papel, 650 platos llanos, 350 tazas y platillos de té, 500 vasos, 100 copas de vino, 20 saleros y pimenteros, 400 juegos de cubertería, 36 manteles y 13 azucareros.

Franklin D. Roosvelt, líder estadounidense

Ante el temor a quedarse cortos en las previsiones, se organizaron otros envíos en los que se transportaban 864 botellas adicionales de whisky y ginebra, 180 botellas de jerez, 20.000 cigarrillos norteamericanos, 500 puros, 1000 cajas de cerillas. A todo esto hay que añadirle centenares de botellas de vino del Rin, vermut, ginebra Gordon´s, whisky Johnnie Walker Red Label, King George IV y champán Veuve Clicquot 1928, 20.000 cigarrillos Chesterfield y Philip Morris, 500 puros David Burns y más papel higiénico.

Iósif Stalin, líder soviético

Los soviéticos como anfitriones, ofrecieron abundantes banquetes aportando más bebidas a las ya llevadas por los británicos. A pesar de la abundancia de alcohol, Stalin no lo probó, simuló beber vodka cuando en realidad bebía agua, tal vez sería para mantener la compostura y que la “alegría” fruto del alcohol no le jugase malas pasadas a la hora de negociar, y por lo visto fue así, ya que Stalin consiguió todos sus objetivos propuestos en la conferencia. De esa conferencia todas las delegaciones asistentes salieron satisfechas y contentas, y no es de extrañar.