En tiempos prehistóricos, las actuales Islas Canarias fueron el hogar de un pueblo nativo llamado Guanche.

Si bien no tenían escritura propia, restos de su lengua se pueden apreciar en los dialectos locales, en los cuales se atisban similitudes con las lenguas bereber, como el tamazight -hablado en la zona del Rif.

Durante siglos mantuvieron su cultura intacta, siendo visitado por cartagineses, griegos, romanos, fenicios y árabes, pero el territorio no fue colonizado hasta que el Imperio Español arribó a sus costas en 1402.

Llegaron a las islas alrededor del año 1000 a.C. -aunque algunos arqueólogos afirman que llegaron mucho antes. Basaron su subsistencia en la agricultura y la pesca, y se dividieron en varios pequeños clanes.

Cada isla estaba -entonces- bastante aislada de las demás y, de hecho, Guanche es sólo el término para el pueblo que habitó la isla de Tenerife. Cada isla tenía un pueblo con su nombre, aunque ahora, Guanche, se ha convertido en el término general.

Sufrieron el destino común de los pueblos colonizados: Muchos murieron en las guerras o se fusionaron con la comunidad castellana a través uniones y matrimonios.

De los Guanches han quedado los restos de su lengua, que apreciamos en los nombres indígenas -habitualmente de lugares y personas- y el lenguaje del “Silbo”, un lenguaje silbado que se atraviesa valles y montañas de estas islas y continuó siendo un medio de comunicación hasta bien entrada la modernidad.

Dejaron algunos santuarios megalíticos como el del Parque Nacional de Garajonay, en La Gomera.

Su dios supremo se llamaba “Achamán”, y tenían otras deidades que vivían en las montañas. También tenáin demonios en su panteón, como los “tibicenas” -demonios menores en forma de grandes perros negros, con ojos rojos, que salían de sus cuevas por la noche-, y otros más poderosos como el que vivía en las entrañas del Teide: Guatoya; rey de los espíritus malignos, el eterno adversario del celestial Achamán.