Isaac Peral y Caballero (Cartagena, 1 de junio de 1851-Berlín, 22 de mayo de 1895) fue marino, hijo de marino y profesor de la Academia de Marina. Había viajado a Cuba y Filipinas, y como su preocupación era la navegación, ideó la construcción de un submarino torpedero.

La idea era genial: hacer posible la navegación submarina. Y esto se le ocurrió a Peral hace más de medio siglo.

Isaac Peral, por Manuel Ussel de Guimbarda

El experto marino venía trabajando calladamente en su invento, y cuando ya lo tuvo resuelto, tampoco dijo una palabra a nadie. Pero he aquí que surgió un conflicto con motivo de las islas Carolinas, y entonces, por razones de patriotismo más que personales, dio cuenta de su invento al Ministerio de Marina, quien inmediatamente designó una Junta técnica para que diese parecer acerca del caso.

Peral explicó los principios científicos en que se basaba la construcción del submarino, presentó los planos, demostró la posibilidad teórica de su invento, y la Junta técnica tuvo que rendirse a la evidencia: el submarino de Peral era posible en teoría. Había que verlo en la práctica, y entonces se autorizó la construcción del submarino, en el arsenal de La Carraca, provincia de Cádiz.

Submarino Peral en 1888. (Fuente: Wikimedia)

Todo se llevó a cabo bajo la dirección del mismo Peral. Él guiaba la construcción, ordenaba el montaje de las piezas y el submarino quedó terminado el año 1887. Sin embargo, no se botó al agua hasta el año siguiente, porque Isaac Peral, que sabía lo crítico que es el pueblo español, temió que un ligero fallo determinase una decepción general. Lo revisó cuidadosamente, y en 1888 se empezaron a hacer las pruebas.

El aparato navegó a varias profundidades, incluso de 10 metros, y a diversas velocidades; descendió, flotó, giró a satisfacción, y en el año 1890 se declaró que la prueba efectuada fue perfecta y completa.

Réplica del submarino de Peral en la ciudad de Cartagena. (Fuente: Wikimedia)

Entonces, Peral solicitó la construcción de otros aparatos; pero las autoridades de entonces ni los construyeron ni se acordaron más del submarino de Isaac Peral. Éste se movió todo cuanto pudo; insistió, suplicó y no consiguió que le hicieran caso.

Y así acabó la historia del submarino torpedero. Luego lo crearon otras naciones, cuando a Peral y a España ya le debió haber cabido ese honor.

Peral fue a Berlín para que le hicieran una operación quirúrgica, y en Berlín falleció.