Berlín, 1955, una mujer de Alemania Oriental acaba de cruzar la frontera que en aquella época no era nada, una raya pintada en el suelo. Los policías de Berlín occidental forman una barrera para protegerla de la Volkspolizei, de Berlín Oriental.


Poco después, y debido a numerosos “incidentes” como este, los sovieticos alzaron el famoso Muro de Berlín, llamado originalmente: “muro de protección antifascista“. Pretendían evitar la salida de la población del país, es decir, de la antigua Alemania Oriental.

Entre enero y agosto de 1961, año de inicio de la construcción del muro, más de 150.000 personas habían huido ya de la parte Oriental a través de Berlín.

Desde la fundación del lado oriental, se calculó en más de un millón el número de fugitivos, incluso algunas fuentes afirman que fueron alrededor de 2,7 millones de personas. Más de la mitad de esa corriente migratoria estaba compuesta por menores de 25 años y esto suponía un problema para la nueva Alemania comunista. La RDA se encontraba al borde del colapso social y económico.

El 12 de agosto de 1961, el Consejo de Ministros de la RDA declaró:

“Para poner fin a las actividades hostiles de revanchismo y militarismo de Alemania Occidental y Berlín Occidental, se instalarán en la República Democrática Alemana, incluida la frontera con los sectores de ocupación occidentales de Berlín, tal como es habitual en cualquier Estado soberano.”

Lo que no mencionó el ministro es que esa medida se dirigía, realmente, contra su propia población que, en un futuro cercano, tendría prohibido cruzar la frontera.

En las primeras horas de la mañana del 13 de agosto de 1961, en la frontera del sector soviético hacia Berlín Oeste se erigieron barreras temporales y fueron arrancados los adoquines de las calles… así comenzó la construcción del Muro de la Vergüenza.

Obreros, bajo vigilancia militar, sustituyeron los rollos de alambre temporales que se habían estirado en la frontera con Berlín Oeste por un muro de hormigón y bloques.

Las fachadas de las casas de algunas calles fueron incluidas en las instalaciones fronterizas, desalojando y tapiando entradas y ventanas, de manera que sus ocupantes podían acceder a las mismas por Berlín Oriental y no podían ver el otro Berlín.

De un día para otro, calles, plazas y hogares quedaron divididos y quedó interrumpido el transporte urbano.

Fuente: https://www.berlin.de