El origen de la expresión “echar un polvo” no está del todo claro, pero existen varias teorías, la primera de ellas es la que tiene más fuerza.

Imagen sexual medieval. (Fuente: Wikimedia)

En los siglos XVIII y XIX la gente, especialmente las clases acomodadas, tenía la costumbre de consumir tabaco a través de la nariz, pero era una actividad que provocaba estornudos, considerada de mala educación el hacerla delante de otras personas y podía molestar al resto de la gente si se hacía en público como en fiestas.

Este era el momento y la excusa perfecta para ausentarse a una habitación u otro lugar y aprovechar con la pareja para mantener relaciones sexuales, o incluso cabía la posibilidad de conocer a otra persona interesante que también fuese supuestamente con la intención de consumir tabaco, y allí mismo consumar el acto sexual si no querían perder mucho tiempo con formalismos.

Queda claro que no solo se ausentaban para consumir tabaco, sino para otros placeres.

Cajas tabaqueras donde se guardaba el tabaco que también era conocido como rapé. (Fuente: Wikimedia)

En esas reuniones no era raro que cuando algo de la reunión preguntaba por el paradero de otra persona, siempre había alguien que respondía que se había ausentado para ‘ir a echar un polvo’.

Otro posible origen provendría de la famosa frase: “Somos polvo, del polvo venimos y en polvo nos convertiremos. La afirmación “del polvo venimos” es un eufemismo de las relaciones sexuales, de ahí vendría “echar un polvo”.

Fuentes:

  • Pancracio Celdrán Gomariz (2011). Hablar con corrección.