Para entender su origen debemos remontarnos a los tercios españoles, formados casi en su totalidad por profesionales. Cada soldado recibía una paga, en la cual contemplaba sus necesidades; a veces sus ingresos se veían aumentandos por el pillaje y al asedio a ciudades. Un piquero cobraba menos que un arcabucero y este que un soldado de caballería, el cual se costeaba su montura.

Los arcabuceros debían incluso hasta costearse la munición que iban a gastar en la lucha, de este modo, como la pólvora la pagaba el soldado de su propio bolsillo, todos los arcabuceros se cuidaban mucho de disparar sin tener un objetivo seguro.

Cuando recibían materiales a cargo de la corona de España, solían disparar con mayor largueza, sin importarles el derroche de proyectiles, dado que disparaban con la pólvora del Rey, es decir, del Estado, y no con la suya propia.

Arcabuceros en la batalla de Pavía (Pintura de Augusto Ferrer-Dalmau)

La expresión significa que cuando alguien hace un gasto de recursos ajenos y que no le repercute directamente, o bien ejecuta una actividad, deja claro que si el gasto, o el gesto, hubiera corrido de su cuenta, no lo habría hecho con tanta alegría.

Fuentes:

  • Eduardo Marquina. En Flandes se ha puesto el sol (1910).
  • Juan F. Giménez Martín. Tercios de Flandes.