CROISSANT por Boris-Taslitzky

En el año 1683 el Imperio Otomano avanzaba por Europa. En este avance sometió a la ciudad de Viena a un asedio, aunque esta no era la primera vez que la asediaban, los anteriores intentos que terminados en fracaso habían sido en el año 1529 y en el 1532.

Los Otomanos para tomar la ciudad, comenzaron a excavar túneles bajo las murallas a fin de acceder al interior y sorprender a sus defensores, según el plan durante la noche.

Pero a los turcos se les escapo un detalle, y fue que aunque la mayoría de la ciudad dormía (a excepción, claro está, de los soldados de la guardia en las murallas) también existía unos trabajadores muy laboriosos que ejercían su actividad por la noche: los panaderos.

Éstos, al encontrarse en su tarea, se dieron cuenta de que estaba pasando algo extraño bajo sus pies, descubriendo por los ruidos la ofensiva turca. Dieron la voz de alarma a la guardia, que logró rechazar el ataque con éxito.

Luego las tropas del emperador Leopoldo I, bajo el mando del rey de Polonia, terminaron de expulsar del país a los musulmanes.

Se dice que el emperador decidió condecorar a los panaderos vieneses y el gremio, como agradecimiento, ideó dos tipos panes: uno que llamaron “el emperador” y otro Halbmond, en alemán: “media luna”, antepasado del actual croissant, como recuerdo y burla a la media luna de la bandera otomana que ahora podría comerse, como en los campos de batalla.

Historia o leyenda, es el relato más extendido acerca del origen del panecillo de nombre francés, cuyo origen etimológico también parece guardar una curiosa relación con los vieneses, pues sería un militar austríaco (August Zang), convertido a panadero, el que alrededor de 1838 abrió una panadería en París en la que ofrecía la especialidad de su ciudad: el croissant.

Aunque seguro que muchos conocéis otras historias, su origen es una de las grandes leyendas de los alimentos de todos los tiempos.